Joyce creció en los Países Bajos, rodeada de agua y viento, lo que lo convierte en una parte natural de su ser. Con un espíritu aventurero y curioso, siempre busca la libertad. Ese viaje la llevó a Bonaire, donde se dedicó al kitesurf y descubrió cómo este deporte se había convertido en parte integral de su identidad.
Para Joyce, el kitesurf es mucho más que simplemente surfear olas y perseguir el viento. Significa viajar, hacer amigos, sentir pura alegría y liberarse de las preocupaciones. Le permite ser divertida y despreocupada.
Joyce se siente más viva cuando está conectada con el viento y las olas, que la llevan a dondequiera que la vida quiera llevarla.